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Islandia

Atendiendo la petición de mi querida prima Lety, me pondré a escribir. Lo que pasa es que cuando uno sale de viaje además de llegar medio cansado, se junta la chamba…

Bueno pues tal como lo anuncié en mi agenda en la página de inicio de esta página web, estuve en Islandia 6 días. Del 4 al 9 de junio de 2007. El motivo fue participar en la escuela de verano para estudiantes de Doctorado (especializados en educación matemática) de países nórdicos y bálticos. Todos los gastos pagados. No me podía resistir.

La experiencia fue maravillosa, cubriendo aspectos académicos, culturales y sociales. Entonces, con la intención de tener orden en mis ideas, dividiré la narración en tres secciones.

El país

Islandia está bien lejos. Muy cerca de Groenlandia. Aunque es un país europeo, no pertenece a la Unión Europea. Entre otras cosas, Islandia le ha dado al mundo al grupo The Sugar Cubes y posteriormente a la cantante Björk (no sólo conozco de música grupera…); también la serie para niños Lazy Town del canal Discovery Kids.

La mayoría de los asistentes convergimos en el aeropuerto internacional Keflavík en la capital del país Reykjavik. De ahí nos trasladamos en camión a Laugarvatn, lugar donde se celebró el evento. Durante el camino tuvimos nuestro primer contacto con el paisaje Islandés: Era como estar en la luna. Terreno plano. Sin un arbolito. Sólo rocas y más rocas volcánicas.

En el camino hicimos una escala en el parque histórico nacional de Þingvellir, declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, y lugar donde se fundó el primer parlamento del mundo en el año 930.

Una de las principales actividades económicas de Islandia es la pesca. Sus monedas tienen pescados (guardé algunas para regalar…). El primer día nos recibieron con una comida-cena consistente en ensalada de verduras, arroz, y salmón con camarones…mmm.

Otra cosa característica de Islandia es su impresionante actividad volcánica e hidrotermal. Como ya comenté, el país está lleno de volcanes, géisers, cascadas…De aquí obtienen la mayor parte de su energía eléctrica y térmica. Tuve la oportunidad de meterme a un sauna natural (nomás hacen un hoyo en la tierra y arman una casita de madera encima), para posteriormente meterme encuerado a un lago de agua helada. No es exhibicionismo. Es parte de las pruebas que debo pasar para obtener mi licencia de Vikingo…

También hubo vikingos en Islandia. De hecho en Reykiavik, afuera de la iglesia de Hallgrímur, se encuentra un monumento a Leif den Lykkelige. Fue un vikingo Islandés que llegó a América (probablemente sin saberlo) 500 años antes que Cristóbal Colón. Los interesados en esta historia pueden leer la novela histórica “Leif el hijo de Eric” de Arturo Ortega Blake publicada recientemente en Grijalbo.

Pudimos ver algunos restos de casas vikingas. Algunas las construían con bloques de pasto. Como esos que compras para tapizar tu jardín.

Ya me había advertido mi roommate Per que el clima cambiaba rápidamente. El primer día hacía mucho viento y posteriormente llovió. Luego salía el sol de verano.

Una cosa interesantísima fue experimentar la ausencia de noche. Tenía un efecto psicológico en mí porque algunos días eran las dos de la mañana (puro estudiar) y al ver la luz como que no me daba sueño y seguía…”estudiando”.

Islandia es un país muy caro. Ya me había asustado cuando varios colegas europeos me decían eso. Pensé: Si para un europeo es caro, cómo será para un mexicano austero como yo. En el lugar donde estábamos una botella de vino tinto la agarrábamos como en 3,000 pesos mexicanos. Lo bueno es que algunos nos abastecimos en las tiendas “Tax Free” de los aeropuertos de donde veníamos.

Lo académico

Esta parte va a ser medio aburrida para aquellos que no trabajan en matemática educativa, y también para algunos que trabajan en esta área porque no les quedó de otra. Lo que quiero decir es que se la pueden brincar.

Por supuesto que la principal motivación de este viaje fue el trabajo académico. Luego dicen por ahí que si estoy en un Doctorado de turismo internacional…

La escuela de verano superó mis expectativas. Fue una verdadera escuela con cursos (relevantes para tus estudios Doctorales) y toda la cosa. La describiré de manera muy general.

La historia es que un comité nórdico de académicos tiene la idea de reunir a los estudiantes de Doctorado de los países nórdicos y bálticos para que tomen cursos y discutan sus proyectos con expertos del área. El comité obtiene fondos económicos para el proyecto de alguna institución Nórdica para el fomento científico (a diferencia de México, estos países invierten más en ciencia que en fútbol…), y con este dinero se pagan todos los gastos de organización, transportación, alimentación, etc. Afortunadamente el destino (y mi trabajo) me brindó la oportunidad de vivir esta experiencia académica.

Comenzaré diciendo que los “expertos” no son cualquier persona. Invitaron a investigadores de prestigio internacional como: Marcelo Borba, Marianna Bosch, Abraham Arcavi y Eva Jablonka. Se hace un trabajo académico intenso (de 8:30 a 17:00, parando para comer), con tres actividades principales: Grupos de trabajo, talleres, conferencias, asesorías personales, evaluación, actividades culturales y deportivas.


En los grupos de trabajo se dividen en grupos a los estudiantes de Doctorado dependiendo el grado de avance del proyecto. Cada uno de estos grupos es coordinado por uno de los expertos. Yo tuve la fortuna de trabajar con Abraham Arcavi.

En estos grupos se discute caso por caso cada proyecto Doctoral. Los estudiantes exponen sus problemas asociados al proyecto (teóricos, metodológicos, …), y reciben retroalimentación, ideas y sugerencias de los otros miembros del grupo, incluyendo al experto. Se logran discusiones académicas muy ricas.

Fue muy padre porque puedes hacer todo tipo de preguntas que cualquier estudiante puede tener cómo: ¿De qué tamaño debe ser mi muestra? ¿Qué escojo primero la teoría o la pregunta de investigación? ¿Qué es un estudio epistemológico? ¿Cuáles son las características de una buena revisión bibliográfica para mi estudio? etc, etc.

Los talleres rompieron con mis esquemas sobre un taller en una reunión académica. Por ejemplo, en el primer taller que participé nos explicaron cómo debe leerse un artículo científico y cómo debe escribirse uno. El segundo taller consistió en un ejercicio grupal para mostrarnos cómo la teoría seleccionada en un estudio de matemática educativa define las preguntas que puedes hacer, y las respuestas que puedes obtener. Debo presumirles que seleccionaron a dos personas para exponer su trabajo en este taller (de un total de cuarenta y tantos asistentes), y el reconocido investigador Mario Sánchez Aguilar fue una de esas dos personas. Di una explicación basada en el concepto de praxeología matemática.

En las conferencias tuvimos la oportunidad de escuchar los actuales proyectos de investigación de los expertos, y preguntar lo que quisiéramos al respecto. Me gustó como exponen Marcelo Borba y Abraham Arcavi.

Una idea muy buena es la de las asesorías personales. Puedes solicitar una reunión con alguno de los expertos o los miembros del comité organizador para discutir tu proyecto o tratar algún otro asunto académico. Los expertos se portaron increíblemente accesibles con su tiempo y su experiencia. Yo quiero ser como ellos cuando crezca.

Dado que éramos un grupo de cuarenta y tantos estudiantes, nuevamente nos dividieron en grupo, y en estos grupos se discutió cómo nos había parecido el congreso (calidad de los talleres y exposiciones, condiciones de trabajo, organización del evento, etc.). Lo que me impresionó fue el sentido de responsabilidad de los estudiantes. Todos participaban de maneria seria y responsable (hasta mi compa Uffe que es un desmadre) con críticas, sugerencias y reconocimientos.

Mas tarde se abrió un foro donde se reunen todos los equipos, los expertos y el comité organizador, para escuchar la evaluación de los estudiantes y llevar a cabo una reflexión global sobre las cosas que pueden mejorarse. Primer mundo.

El comité local siempre se preocupó por hacernos sentir que estábamos en Islandia, y en la única tarde dedicada al paseo cultural, nos llevaron a conocer atracciones naturales e históricas de la zona. También hubo tiempo para hacer un brindis con Brennivín, la bebida alcohólica tradicional de Islandia.

En el discurso inaugural, Barbro Grevholm señaló la importancia de realizar ejercicio físico para mejorar el desempeño intelectual. En ese contexto, también estuvo a disposición de los asistentes al evento una alberca todas las mañanas o algunos otros salían a caminar. También había mesa de ping pong y futbolito.

Quiero terminar esta sección diciendo que el evento no sólo me ayudó a reflexionar sobre mi proyecto Doctoral, sino también a mirar desde otra perspectiva a mi propia comunidad académica. Pensé mucho (y sigo pensando) en sus fortalezas y debilidades.

Lo social

A pesar de estar entre casi puros nórdicos, desde el primer momento me sentí muy a gusto en esta comunidad. Puede ser que mi apariencia entre Sueco y Noruego ayude a la integración…je je.

Como en todos lados, siempre intimas más con unos que con otros. Sólo por mencionar un ejemplo puedo decir que me la llevé muy bien con Jonas Bergman de Suecia. De hecho quedamos en reunirnos para seguir trabajando en nuestro grupo de estudio que tenemos en la Universidad de Roskilde.

También fue una oportunidad para convivir más con Uffe Jankvist de mi propia Universidad. A pesar de que tiene apariencia y modales de vikingo, y que según él soy un “mexican donkey rider”, descubrimos que tenemos muchos gustos y cosas en común. Ya hasta planeamos maldades juntos.

Algo que me gusta mucho es que estos Europeos son bien tolerantes y liberales. Cada quien su vida y nadie se aguita. Recuerdo que Guðný, una de las organizadoras locales y miembro del comité científico de la Escuela de Verano (tirándole a cincuenta años de edad) nos ayudó a conseguir cervezas islandesas más baratas en un tipo de mercado negro. Hasta nos fió. Como diría Marcelo Borba: Qué civilizada es esta gente.

Quiero concluir esta sección y este capítulo del Blog hablando de mi cumpleaños. El 7 de junio de 2007 cumplí 32 años en un lugar muy lejano de mi país, de mi familia y mis amig@s. Rodeado casi de puros nórdicos. Sin embargo fue un día cálido y féliz: Barbro Grevholm, golpeando su copa de vino con un tenedor, detuvo el desarrollo de la cena para decir a la comunidad que había algo importante que celebrar: Mi cumpleaños.

Ella me pidió pararme al frente y entonces todos empezaron a cantar para mí. Estaba tan emocionado, concentrado en no chillar, que ni cuenta me di del idioma en que cantaron. Hasta porra hubo. Cuando terminaron yo les di las gracias, alcé mi copa y brindé con ellos. Esta semana pasará a mi base de datos cerebral. Directo a la carpeta de días inolvidables.

Gracias también a los Cicatos por cantar para mí en el Skype. Gracias a los miembros de mi querida familia por sus palabras. Gracias a Per y a Cecilia Crespo.

Mario

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