Archivo mensual: julio 2012

Un par de rechazos o siete no deben detenerte

Hace un par de días me enteré que mi artículo titulado “Web 2.0 y educación matemática: Posibilidades y desafíos” había sido publicado por la Revista Iberoamericana de Educación. El artículo contiene una reflexión sobre cómo creo que la Web 2.0 afectará nuestras prácticas como educadores matemáticos, tanto en el campo de la enseñanza como en el campo de la investigación.

Me dio mucho gusto ver finalmente publicada esa reflexión. Y digo “finalmente” porque antes de ser publicado, el escrito fue rechazado un par de veces para su publicación. En esta entrada de blog quiero contar con más detalle esta historia, porque este proceso de rechazos y aceptación final me dio algunas lecciones que quisiera compartir. Comienzo mi narración:

La reflexión contenida en el artículo se fue constituyendo a través de distintas experiencias que obtuve al leer algunos artículos e interactuar con varias personas que usan tecnología como apoyo para enseñar matemáticas. Creo que si leen el artículo podrán identificar las experiencias a las que me refiero. Llegó el momento en que la reflexión alcanzó madurez: Sentía que tenía una idea que valía la pena contar. Fue entonces que me senté a escribirla.

La reflexión fue originalmente escrita en inglés. Lo hice así porque creía — y lo sigo creyendo — que un amplio público podría estar interesado en leerla. Cuando el escrito estuvo listo lo mandé a la revista For the Learning of Mathematics (FLM) que se produce en Canadá. Seleccioné dicha publicación por su proyección internacional, pero también porque he visto otras reflexiones publicadas ahí. FLM fue la primer publicación que rechazó mi escrito, sin embargo hicieron una buena evaluación en la que explicaban sus razones para el rechazo y daban sugerencias para mejorarlo. La idea les parecía buena, pero no la manera en que estaba argumentada y estructurada.

Tomé las recomendaciones para mejorar el escrito que obtuve de FLM e hice una nueva versión del escrito. Esta vez lo envié a la revista brasileña Educação Matemática Pesquisa, de donde también fue rechazado para su publicación. Este es un punto importante de la historia porque fue cuando me comencé a deprimir. Sentía que la mía era una idea original, de la que nadie estaba hablando en el campo de la didáctica de las matemáticas, y que por lo tanto debía ser publicada. Sin embargo cada vez que lo intentaba, rechazaban publicarla. ¿Qué debía hacer? ¿Darme por vencido y almacenar mi escrito hasta que se hiciera viejo y yo mismo lo olvidara?

Decidí consultar a mi colega Noruego Reidar Mosvold, quien también está interesado en estos asuntos de la Web 2.0 y la educación matemática, y tiene experiencia evaluando y publicando artículos en foros internacionales. Él leyó mi escrito, lo criticó, sugirió maneras de mejorarlo e incluso propuso publicaciones a donde debería mandarlo. Además de darme su retroalimentación, Reidar me contó una anécdota que sirvió para sacarme de la depresión en la que estaba cayendo. La anécdota involucra a Bharath Sriraman, editor de la revista The Mathematics Enthusiast, y uno de los autores y editores más prolíficos de nuestro campo. Bharath cuenta que en una ocasión uno de sus artículos fue rechazado de siete revistas hasta que finalmente una aceptó publicarlo. Reidar me dijo entonces: “¡No te des por vencido sólo porque algunos evaluadores han rechazado tu artículo! A veces se trata de encontrar la audiencia adecuada para tu artículo. Deberías intentar en algún otro lugar.” Fin de la anécdota.

La anécdota ilustra varios puntos. Primero, incluso a los autores más experimentados les rechazan artículos; no deberíamos deprimirnos cuando nos rechazan uno ya que es una situación común. Segundo, a veces el motivo del rechazo de un manuscrito es su falta de calidad, sin embargo también puede ser que el foro elegido para publicarlo no sea el adecuado. Tercero, no deberíamos renunciar a nuestras ideas sólo porque algunos “expertos” no las comparten. No dejes que los “expertos” te digan qué puedes hacer y qué no.

Una parte muy bonita de esta experiencia ha sido ver cómo a los pocos días de haber sido publicado mi escrito, varias personas comenzaron a comentarlo y a recomendarlo en Twitter. Personas que ni conozco personalmente y de países distintos al mío. Es ahí cuando te convences de que un par de rechazos o siete no deben detenerte de tus objetivos.

Mario Sánchez Aguilar

Lo que les va a faltar es tiempo

Cuando estudiaba mi maestría en matemática educativa y llegó el momento de elegir un tema de tesis, no fue fácil para mí encontrar uno. Sentía que las cosas que se me ocurrían ya habían sido estudiadas — es decir que les faltaba originalidad — o que eran demasiado simples para ser consideradas un tema digno de una tesis de investigación. Han pasado varios años desde esa etapa y mi perspectiva ha cambiado. Dos experiencias recién vividas me hicieron tomar conciencia de este cambio:

EXPERIENCIA 1: Hace unos días publiqué en mi cuenta de twitter una foto que muestra un anuncio publicitario de una goma de marcar que en mi opinión fomenta imágenes negativas de la clase de matemáticas entre la población:

Al poco tiempo de publicar la foto, recibí una respuesta a mi tweet de una seguidora de Argentina en la que me dice que en su país están transmitiendo un comercial de televisión sobre colchones en la que se favorece una imagen negativa de los matemáticos. Inmediatamente pensé que sería relevante hacer algún estudio que evidencie estas influencias provenientes de los medios masivos de comunicación, y que contribuyen a configurar las imágenes acerca de las matemáticas y los matemáticos que poseen los ciudadanos Latinoamericanos. Debido a que en los últimos meses he estado estudiando literatura al respecto — sobre cómo se forman las imágenes que las personas tienen sobre las matemáticas y los matemáticos —, estoy seguro de que en Latinoamérica hacen falta estudios como esos.

EXPERIENCIA 2: En días pasados estuve revisando una propuesta de artículo que será sometida a una revista internacional de investigación en matemática educativa. El autor de la propuesta me pidió que lo hiciera antes de que él la sometiera a revisión en la revista. En alguna parte del manuscrito el autor afirma que el tipo de estudio como el que se presenta en su artículo no se ha desarrollado ni en México ni en Latinoamérica. Creo que él tiene razón.

Las dos experiencias antes mencionadas me hicieron reflexionar explícitamente algo que ya había notado: existe una gran variedad de tópicos de investigación que no se han explorado ni en México ni en Latinoamérica. Son áreas de oportunidad. No sólo porque contribuirían al conocimiento global de la disciplina, sino porque ayudarían a aclarar cómo las peculiaridades culturales y sociales de nuestras sociedades influyen en los resultados de investigación.

A pesar de que varios investigadores anteriores a nuestras generaciones han estado trabajando en la investigación en didáctica de las matemáticas por años, muchos de ellos se han enfrascado en algunos tópicos y teorías, desatendiendo la riqueza de tópicos de investigación y herramientas teóricas que caracterizan a nuestro campo. De verdad que hay muchos temas y herramientas por explorar.

Pero, ¿por qué no me daba cuenta de esto cuando era estudiante de maestría? Creo que mucho se debe a la experiencia que como investigador he ido ganando durante estos años, pero gran parte de tal experiencia está basada en el estudio de literatura especializada. Cuando uno lee de manera constante y diversificada comienza a visualizar áreas de oportunidad que pueden ser explotadas.

Mi consejo aquí es que lean mucha literatura especializada. Lean más allá de lo que se hace en su escuela o en su país. Incluso más allá de lo que se hace en la didáctica de las matemáticas. Traten de mantenerse actualizados y con una cultura amplia sobre la investigación educativa. Verán como las áreas de oportunidad comienzan aparecer frente a sus ojos. Lo que les va a faltar es tiempo para trabajar en todos los temas interesantes que van a identificar. Hay veces que así me siento yo.

Mario Sánchez Aguilar