Coquetear

besando_al_Mario

 

Hoy quiero compartir otra de mis experiencias vividas en Dinamarca. Esta se refiere a las opiniones que diferentes mujeres europeas me han expresado acerca del acto de coquetear.

La primera vez que surgió este tema fue con una doctora en física, búlgaro-alemana, casada y con dos hijos. Esto sucedió hace un par de años por lo que no recuerdo todos los detalles; sin embargo recuerdo que estábamos en Suecia en un Seminario y durante la cena ella me comentó que el coquetear era una actividad divertida que la hacia sentir bien como mujer. Había algo de vanidad involucrada porque me decía también que le gustaba confirmar, a través del coqueteo, que seguía resultando atractiva para algún otro hombre que no fuera su marido. También dejó claro durante esta plática que al coquetear, deberías tener claro que existían límites para “el juego”.

Cuando escuché esta plática hace dos años estaba sorprendido. Sentía que la concepción sobre el coqueteo que expresaba la doctora chocaba con la mía. Yo había aprendido (aunque no fue una enseñanza explícita) que coquetear con alguien que no fuera tu pareja era algo malo. Una expresión más de la infidelidad. Un pecado.

Así quedó la cosa hasta que hace unos días surgió el mismo tema con una colega de mi departamento que está estudiando su doctorado. Ella es danesa, casada y con dos hijos.

Mi colega expresó una idea muy similar a la de la doctora en Suecia: Se refirió al coqueteo como “un juego que a todos nos gusta jugar” e hizo una analogía del coqueteo con un instrumento de cocina: “Es como el orificio que permite al vapor salir de la olla a presión. Coquetear es como el orificio que deja liberar algunas de las presiones que se generan en el matrimonio”.

Lo que me pareció más interesante de la plática con mi colega danesa, fue cuando se comparó las “oportunidades de coqueteo” que tenían ella y su marido. Desde sus estudios universitarios ella se ha especializado en la física, lo cual la ha proveído de un ambiente social donde la mayoría de sus integrantes son hombres. En el caso de su marido, él estudió ingeniería y labora en esa misma área. Eso significa que desde su época de estudiante y hasta la actualidad se ha desarrollado en un ambiente también dominado por hombres. “No tiene muchas oportunidades de coquetear y eso me preocupa” – mi colega me dijo, y agregó: “Me preocupa que algún día llegue una mujer guapa y atractiva, que juegue a coquetear muy duro con él, y entonces él vaya más allá y me sea infiel”. Al igual que la doctora de Suecia, mi colega danesa dejó claro que había límites para el coqueteo. Para ella no incluye el cachondeo ni la cópula.

Un par de días después, al calor de la recién inaugurada temporada de cerveza navideña en RUC, platicaba con otra colega italiana sobre esta reflexión acerca del coqueteo. Ella no está casada ni tiene hijos, pero vive junto con su pareja desde hace varios años. La italiana también se expresó de manera positiva acerca del coqueteo, y agregó: “En los países con influencia católica como Italia y supongo que México, la concepción social del coqueteo se ve afectada. En Italia si coqueteas y eres hombre está bien; pero si coqueteas y eres mujer entonces eres una puta”.

Mario

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