Expoprofesiográfica 2007

Ayer estuve casi todo el día en la Expoprofesiográfica que cada año organiza el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Es una exposición educativa en la que el IPN muestra las opciones que ofrece a los estudiantes mexicanos para que continúen con su desarrollo académico. Las opciones abarcan los niveles medio superior, superior y posgrado.

Me gusta y apoyo la propuesta de hacer una exposición como esa. Ves a muchos jóvenes buscando, preguntando, informándose, divirtiéndose.

Otra parte muy bonita, al menos para mi, es ver a padres o familias completas acompañando al joven estudiante a la Expo. Digo que al menos a mi me agrada esa idea primero, porque yo no estoy en su lugar; y segundo, porque se me hace buena onda que los papás se involucren y apoyen al joven. Aunque mi intuición me dice que para un joven promedio no ha de ser muy emocionante ir a la Expo con sus papás, en lugar de andar sólo con sus compas o novi@.

Siempre he creído que nuestro país tiene un problema de educación. Lo pienso cada que veo a una persona tirar basura en los lugares públicos sin el menor remordimiento, cuando viajo en el metro y miro cómo agandallan los lugares a personas que lo necesitan, cuando una mamá (o papá) le pone una madriza a su hij@ porque no le obedeció, en fin los ejemplos son muchos…En este contexto, me parece muy importante la labor que hace el IPN de informar y formar a los jóvenes que harán funcionar nuestra sociedad futura.

Bien por la Expoprofesiográfica. Además, es el único momento del año en que el señor Horacio me dirige la palabra.

Desilusión

Día del amor y la amistad. Cómo olvidar aquél primer regalo que tímido le ofrecí a mi desde entonces adorada Idania. Es un recuerdo recurrente en este día.

Hoy sin embargo, quiero escribir sobre una desilusión. No es amorosa en el sentido estricto, pero no por eso menos dolorosa:

Hoy, siguiendo la bien intencionada recomendación de Javier Lezama, me puse en contacto con una funcionaria del Instituto Politécnico Nacional (de quien omitiré su nombre), quien hará un papel similar al de mi “abogada” en el “juicio” que la COTEPABE emitirá para evaluar de manera definitiva mi solicitud de licencia con goce de sueldo (que para dar contexto a esta historia, se debe saber que inicialmente fue rechazada).

La sugerencia de Lezama fue que me entrevistara personalmente con la funcionaria, pero yo decidí llamarla antes para evaluar su disponibilidad de atenderme.

Al llamarla y pedirle la entrevista personal, ella de manera no explícita la descartó, iniciando nuestra conversación telefónica mencionando uno de los grandes obstáculos que debería salvar mi solicitud para poder ser aprobada. Me sentí como capo recién detenido que al ver a su abogado lo primero que le dice es “pues la tienes bien cabrón…” Lo último que me transmitió la funcionaria fue optimismo.

La plática continuó con una enumeración de sugerencias y peros por parte de la funcionaria, pero hubo uno que en particular lo sentí más doloroso que una mentada de madre. Palabras más, palabras menos la funcionaria me dijo:

Eres joven y con futuro, por eso el IPN guarda sus reservas para apoyarte. Es probable que recibas ofertas de otros lados y no regreses. Además, dado el tiempo que tienes en el Instituto, tus vínculos con éste no son sólidos

De verdad tuve que contenerme para no explotar ante tales comentarios. ‘Ora resulta que ser un investigador joven es un pecado en el IPN, y lo de mis vínculos frágiles con el Instituto, es como un golpe con manopla: Le aposté a una carrera académica dentro del IPN integrándome al proyecto que comanda mi querido Javier Lezama; para hacerlo, tuve que renunciar a un buen empleo (y a un salario superior al que actualmente percibo en el IPN) en una compañía transnacional y sólida. Con tal acción hubo sacrificios económicos en mi familia, pero esa situación no inhibía mi orgullo, el orgullo que sentía al presentarme en un congreso  o al firmar un artículo como un investigador del Instituto Politécnico Nacional.

Como le he comentado a mis colegas y le comenté a esta funcionaria: Al recibir el primer rechazo de la COTEPABE a mi solicitud, no hubo en mí más que un sentimiento de tristeza, mezclado con desilusión. Yo concursé en una convocatoria internacional (pegada por cierto en un cartel de anuncios del propio Instituto), y luché más de un año en ganar una beca. Durante esa lucha recibí el apoyo de mis colegas, de mi familia, de mis amigos, de una institución de educación superior en Dinamarca (donde ni me conocen, ni cuestionan mi edad o mis vínculos con ellos), de la misma comunidad europea, pero en mi propia institución sólo he recibido un rechazo, por escrito, y con copia a mis superiores.

Javier Lezama, de quien sólo he recibido ánimos y buena vibra (gracias Javier), me dijo que no me deje superar por esta situación. Es un hecho. No me voy a doblegar.

Así tenga que renunciar al Instituto, voy a intentarlo. No es un capricho. Es que no puedo desperdiciar una oportunidad, un espacio que me he ganado; además, aunque se oiga mamila y vanidoso, soy un ejemplo de algunos: De una familia de origen campesino, de un grupo de jóvenes provincianos sin muchas oportunidades, de mis hermanas, de mis padres, de mi esposa, de mi hija. Una negativa en papel membretado no puede detener eso.

Estoy tomando fuerza con sólo pensar en la gente que me a ayudado incondicionalmente a construir este proyecto: de Cordero, de Lezama, de Asuman, de Eli, de Góngora…y de tantos más. Gracias.

Hoy tuve que contenerme de no chillar ante mis colegas por pura pinche frustración y auténtica desilusión. Hoy estoy aquí, desahogándome mediante este escrito y con algunas lágrimas en los ojos.

Mario Sánchez Aguilar