Seminario IMFUFA en Suecia

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“Eso no es nada, realmente te vas a sorprender cuando vayas a Suecia…” Eso fue lo que me contestó Skipper, un estudiante de Doctorado que está a punto de graduarse, cuando alguna vez le comenté cómo me sorprendía la actitud informal de los investigadores de por acá que casi-casi te exigen que evites decirles “Doctor”.

Este viaje a Suecia es organizado cada año en mi departamento (IMFUFA-NSM) para celebrar un Seminario en el que se discuten asuntos o problemáticas inherentes al Departamento. Cada año el Seminario tiene un tema a discutir y este año se tituló “IMFUFAs studentermiljø”, algo así como “El ambiente de los estudiantes en IMFUFA”.

La asistencia al Seminario es de carácter voluntario. El transporte no te cuesta nada, y sólo tienes que pagar tu comida y tus bebidas a precios muy económicos (“económico” en el contexto danés). Cada uno pagamos aproximadamente 470 pesos mexicanos por la comida de dos días; respecto a las bebidas, tanto la cerveza (nacional o importada) como los refrescos 12 pesos, una botella de vino 70 pesos, una malteada de chocolate de un litro (muy popular en Dinamarca) 32 pesos y el agua gratis.

Con base en el número de personas que se inscriben al Seminario se constituyen equipos. Cada uno de estos equipos está a cargo de cierta labor durante el seminario: algunos hacen la cena, otros el desayuno, otros limpian el piso, otros lavan los trastes, otros preparan el sauna, etc. Yo estuve en un equipo vital para el funcionamiento del Seminario: el que se encargó del bar.

Así, un camión de pasajeros nos recogió en el Departamento y de ahí nos dirigimos a un centro comercial en Copenhague donde algunos de los equipos nos bajamos a realizar compras relativas a nuestra labor en el Seminario. En el caso de mi equipo, teníamos que decidir qué tipo de bebidas comprar de tal manera que satisficieran los paladares de los consumidores y suministraran los niveles de alcohol, azúcar y cafeína requeridos para el correcto desarrollo del Seminario. Todo esto limitado por un presupuesto de aproximadamente 8,000 pesos mexicanos. Digamos que es un problema de matemática aplicada.

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Después de las compras continuamos nuestro camino a Suecia usando el puente Øresundsbroen. Fue muy emocionante circular por ahí después de haber visto el proceso de construcción en el Discovery Channel. Entras a un túnel que corre por debajo del mar, luego sales a la superficie a una isla artificial para de ahí tomar el puente que desemboca en la ciudad sueca de Malmö. Fantástico.

Fue un viaje de aproximadamente 3 horas hasta llegar a la zona boscosa de Brännerbygden. Ahí se encuentra Det gule hus (La casa amarilla), cuyo dueño es el profesor Jens Højgaard Jensens y quien es el anfitrión del evento. Por algún momento me llegaban reminiscencias de las instalaciones Cantoral-Farfán en Cuernavaca pero el concepto de Det gule hus es más primitivo. Con decirles que no hay regaderas (el agua se saca de un pozo), el baño es una tabla con tres hoyos (por si quieres echarte una caca grupal como ya ha sugerido Polo Polo) y el sauna se alimenta con madera del bosque. En el interior la casa es grande, y los cuartos se distribuyen según la conformación de los equipos, es decir, un cuarto para cada equipo. Algunos deciden dormir afuera de la casa en sus tiendas de campaña.

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Al llegar, los equipos se ponen a trabajar. Resultó que la tarea de mi equipo fue muy fácil, ya que sólo tuvimos que agrupar las bebidas en un cuarto cerca de la cocina, y Martin Niss implementó el mismo sistema de control que tenemos en la bodeguita del IMFUFA: una lista con los asistentes al seminario (en renglones) y los productos y sus precios (en columnas); de esta manera cada quién se despacha solo y se encarga de honestamente anotar una rayita en la intersección de su nombre con el producto que tomó. Un sistema que como dice mi tía Esther no funcionaría en México porque una de dos: o andarías bien borracho y tu nombre no tendría rayitas, o andarías bien borracho y algún vecino de lista estaría sobrio y como tigre con hartas rayas. Al final del día nomás hacíamos “cortes de caja” para hacer las cuentas finales individuales y cobrar.

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La inauguración del evento la hizo Jens Højgaard Jensens. Nos repartieron una hoja que contenía los años en que se ha celebrado el Seminario, los tópicos que se han abordado en cada uno de ellos y una gráfica con el número de asistentes para cada año. Hasta ese momento me di cuenta de lo importante que era el evento para la comunidad: el primer Seminario se realizó en 1979 y mi asesor Morten Blomhøj en un tono un poco nostálgico (así lo sentí) me señaló en la lista el año 1984 y me dijo que fue el primer Seminario que él atendió cuando estudiaba su maestría. Yo le contesté que en ese entonces yo era un niño jugando.

Este año el Seminario fue atendido por 45 personas (físic@s y matem@tic@s), entre las que se encontraban estudiantes de licenciatura, de maestría, de doctorado, un posdoctor, profesores asociados y titulares, y un profesor emérito. La mecánica del Seminario era tener discusiones en pequeños grupos (sobre el tópico del seminario), para posteriormente reunirnos todos y volcar las opiniones de cada uno de esos pequeños grupos y hacer una discusión grupal. Todos participamos en dos de esos pequeños grupos, el heterogéneo y el homogéneo. En mi caso, el grupo heterogéneo estuvo integrado por un profesor asociado, dos estudiantes de maestría y un estudiante de doctorado (yo). El homogéneo estuvo integrado por los tres estudiantes de doctorado extranjeros (Nicoletta, Claudio y yo).

Desde el punto de vista de los estudiantes, la parte positiva de la discusión es que pudiste expresar tu sentir como tal (qué no te gusta, qué necesitas…) y ser escuchado por la comunidad del departamento. Los extranjeros pedimos un poco de consideración con el idioma, es decir, sería fabuloso si pudiéramos recibir más información referente al departamento, en inglés.

Creo que ya lo he dicho de varias maneras en este blog, pero el ambiente académico danés es muy informal; para dar otro ejemplo, en estas discusiones grupales muchas personas están tomando alcohol.

Las discusiones están alternadas por descansos de una o dos horas en las que puedes jugar fútbol, leer un libro, dar una caminata, dormir, etc, etc. En mis descansos, aprendí un nuevo juego de baraja (Casino), dormí, tuve una agradable caminata cultural con Elin Emborg, Mogens Niss y Martin Niss, en la que Mogens nos contaba historias o detalles de los lugares que íbamos recorriendo.

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Una de las actividades de la que me gustaría dar más detalles porque da cuenta de la cultura nórdica (aunque dos compas del CICATA que conozco luego-luego se van a persignar) es la de correr: resulta que en el Seminario estábamos presentes los titulares del equipo de corredores del IMFUFA y entonces decidimos correr por el bosque. Aunque Albena Nielsen estaba presente, ella prefirió quedarse y creo que tengo una idea del por qué (leer más adelante). Nuestro equipo fue engrosado con la adición de mi asesor Morten Blomhøj y un estudiante de maestría llamado Jørn o algo así…

El plan fue correr alrededor del lago y de regreso darnos un chapuzón en el mismo debido a la ausencia de regaderas. Las condiciones para correr eran muy buenas: ni frío ni calor, aire limpio y fresco, superficie suave. Creo que corrimos una media hora y regresamos al lago a bañarnos. El asunto está en que de acuerdo a los cánones nórdicos, uno se debe meter desnudo al agua helada. Mis compañeritos estaban muy sorprendidos (más tarde en la cena lo confesaron) por el hecho de que sin titubear me introduje y me sumergí en el lago como todo un vikingo. No sabían que ya tenía el antecedente de Islandia (ver blog, 11 de junio 2007, “Islandia”). Lo que no puedo negar es lo diferente que era estar todos encuerados cotorreando, incluyendo a mi asesor. Después le comenté a Martin Niss que no creo que una situación como esa se diera en México. Me acordé del ejemplo que usó Cantoral en alguno de sus discursos: algo así como “usar falda si estuvieras entre escoceses”. Más tarde platicando y bromeando en la cena sobre la experiencia del lago concluimos que si en tres años no acredito el grado de Doctor, por lo menos me otorgarían el de vikingo.

La última noche del Seminario en Det gule hus es la mas esperada. Hay una cena deliciosa, se socializa y se toma alcohol pero ahora sí en serio. Dijeron los nombres de los platillos que nos dieron, pero como fue en danés no entendí nada; empezamos con un pescado blanco sobre un pan blanco, con algunas hojitas verdes y espárragos; y de segundo plato comimos cordero con papas asadas y tres diferentes ensaladas. Afortunadamente estaba sentado junto Albena y en frente de mi asesor Morten quienes se encargaban de llenar mi copa de vino cada que ésta se vaciaba.

Después de la cena vino el show. Fue otro evento impresionante para mí. ¿Puedes imaginar a un profesor emérito, a dos investigadores con reconocimiento internacional, y a otros profesores y estudiantes haciendo una representación cómica para los asistentes? Increíble pero los IMFUFAers lo hicieron. Digo increíble porque nuevamente no me puedo imaginar una situación así en México. Probablemente algunas personas podrían pensar que están perdiendo respeto o estatus.

Lo que he leído, me han dicho y estoy comenzando a entender, es que los nórdicos en general soy medios “fríos” en el trato humano. Sin embargo, construyen círculos sociales en los que se comportan de manera muy cálida, abierta, liberal y desinhibida. La bronca es que no es fácil que te acepten en esos círculos, menos como extranjero. Alguna vez Jens Højgaard me dijo que era una especie de provincianismo. Así, cuando me invitaron a participar en el show, no los desairé; les brindé un bonito discurso en español que les arrancó risas y aplausos.

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Después de la representación mi asesor Morten entonó algunos narcocorridos (“la fuga del Chapo” y “el 24”, pero en danés) y posteriormente, sin más compromisos por delante, nos dedicamos a pistear. Pero no fue cualquier borrachera estática: platicábamos, bailábamos, cantábamos, salíamos al bosque a ver las estrellas, caminamos al lago y algunos gatearon de regreso…hasta eso muy moviditos y animados estos daneses.

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Otro dato interesante es que así como los pamboleros cantan en el estadio, así los daneses tienen sus cánticos para decir “skøl” (salud):

Al otro día ya todos andaban medios serios, tristes y cansados. Unos porque tenían que limpiar, otros porque andaban crudos, otros porque andaban desvelados, otros porque les llegaba la cuenta de lo que habían consumido. Sin embargo, para mí la experiencia resultó muy interesante y reveladora. Skipper tenía razón.

Mario

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