Mi nueva vida

Pues poco a poco me voy adaptando a esta nueva vida.

En la escuela, aunque aun no estoy inscrito oficialmente (la burocracia también existe por acá), pues ya estoy trabajando en mi proyecto Doctoral, tengo reuniones periódicas con mi asesor Morten Blomhøj, quien siempre que me ve me deja un montón de cosas para leer; pero me acuerdo que mi tío Polo me amenazó que no fuera a regresar con mis orejas de burro y pues le pongo energía y corazón al asunto.

Hasta otro estudiante de Doctorado de nombre Martin Niss, me invitó a unirme a un grupo de corredores que tienen en el Departamento. Ya comencé a entrenar pa’ dejar el nombre de México en alto. Estaremos Ana Guevara y yo en los anales de la historia atlética europea…

Sigo tratando de entender e integrarme al sistema de vida danés. Ya compré mi pase mensual para viajar en tren/metro/bus (ver foto en la parte superior), y noté que en la foto ya no salgo triste. Ni por los dos mil y tantos pesos que me cobraron por el pase. Es signo de que me estoy adaptando.

Mi roommate Per me llevó ayer a la lavandería comunal. Puro primer mundo. Entrando hay una pantalla plana táctil en la que haces tu reservación en el día y la hora en que quieres lavar, pero Per que es medio rebelde nomás llegó y agandalló una que estuviera libre, sin reservación de por medio. Me gustó más ese método porque se parece más al que usaríamos los mexicanos.

Las lavadoras son digitales y accedes a su servicio con una tarjeta con chip (como las de crédito). Las programas según el tipo de ropa que vas a introducir y no les tienes que echar detergente ni nada. Nomás oprimes un botón y esperas…¡Y es gratis! Así hasta gusto da lavar.

Como las sopas Maruchan ya se me estaban escaseando, pues fui al super para adquirir insumos para cocinar. A algunas cosas no le atino porque están en danés, por ejemplo, compré leche (sabía que era leche porque el envase traía una vaca pintada y estaba en la sección de refrigerados), pero resultó light. Entonces ahí me tienen echándome mis Nesquik con una leche que parece agua con harina.

Continuando con el asunto culinario, Per resultó ser un experto para esos asuntos. Ayer realmente me sorprendió cuando me invitó a que probara el pan que él mismo había hecho (como una barra de pan bimbo), acompañado con mantequilla y una mermelada de zarzamoras que también hizo…¡y cultivó! (tiene su propio jardín donde siembra cosas). Después degustamos un licor de frutas que para variar, también hizo.

Yo no me dejo, y me discuto con unos atunes con mayonesa, huevos con salchicha y crema de espárragos (instantánea). Hoy por ejemplo, me cociné una de esas sopas, para acompañar una pechuga de pollo con hojas de lechuga y pan. Per tiene un tostador horizontal en el que le doy vueltas a mi pan, como si fueran tortillas en un comal.

También sentía la necesidad de marcar mi territorio, en este caso el Departamento que comparto con Per. Había la opción de mearlo como hacen los perros, pero opté por algo más civilizado: Tomé un pedazo de papel, escribí en él mi nombre, le pegué cinta por atrás, y lo puse en donde están los buzones, donde aparecen los nombres de los inquilinos de cada departamento. Es pura terapia o pérdida de tiempo porque ni quién me venga a visitar…

Ya he hablado con mis colegas y mi familia por el Skype. También he visto los mensajes que me envían en mi blog y vía mail. Muchas gracias a tod@s.

Sólo quiero decir que estoy bien, que por el momento no me falta nada y que sólo estoy tratando de tomarle sentido a esta nueva vida…tan diferente a la nuestra.

Mario Sánchez Aguilar