Estaba en un café

maraton_CPH_2009

El 24 de mayo de 2009 mi familia y yo fuimos a ver el maratón de Copenhague. Yo practiqué para intentar correrlo, pero desistí a medio entrenamiento. Sólo tres veces corrí más de 21 km, y esa experiencia me hizo concluir que no alcanzaría a estar listo para la fecha del maratón. Así fue que decidí no participar. En pocas palabras me rajé.

Pero aun me quedaba Martin Niss. Pensé que sería un buen detalle ir a apoyar a mi colega corredor en ese día tan importante. También pensé que sería una buena actividad familiar, así que les expuse la idea a Idania y Mariana y ellas aceptaron. Tomamos un mapa de la ruta del maratón para buscar un sitio cercano a nuestra casa donde pudiéramos presenciarlo. El sitio elegido fue el puente que conecta Christianshavn con Slotsholmen. Caminamos de nuestra casa al puente.

Al acercarnos al puente se comenzó a escuchar la música de batucada. Una banda estaba instalada a un lado de la ruta animando a los corredores. El espectáculo incluía bailarinas danesas de samba.

Bailarinas_Maraton_CPH_2009

Estuvimos un rato mirando a los corredores desde arriba del puente. Se sentía un ambiente festivo. Varios corredores usaban disfraces: de novia, peter pan, spiderman. Otros corrían empujando la carriola que transportaba a sus hijos; incluso vimos a uno que corría empujando una silla de ruedas en la que viajaba la que parecía ser su madre. Ahí estuvimos varios minutos arriba del puente mirando a los corredores. Aunque tratamos de localizar a Martin Niss entre la multitud, no lo logramos. Una pequeña lluvia comenzó. El grupo principal de corredores (los que tardan entre dos y cuatro horas en completar la carrera) ya había pasado. Fue entonces que decidimos bajar y protegernos de la lluvia debajo del puente.

Fue un acierto habernos mudado porque además de evitar la lluvia, estábamos más cerca de los corredores y de la banda musical brasileña. Como todos estábamos a gusto, ahí nos quedamos hasta que el grupo principal de corredores comenzó a pasar por segunda vez por ese mismo punto del circuito. Los primeros en pasar fueron los líderes de la carrera, incluyendo a los ganadores. Dos japoneses se llevaron el triunfo en la rama varonil y femenil. Era impresionante ver la manera en que corrían los líderes. De verdad corrían. También fue muy emotivo e inspirador observar y apoyar al resto de los corredores. Era emotivo porque se establece algún tipo de vínculo emocional entre los corredores y el público; pudimos ver por ejemplo cómo gente que comenzaba a caminar o incluso a cojear, retomaban el trote al ver que les aplaudíamos y les gritábamos. Al ver la reacción de esos corredores, nosotros como público también recibíamos un tipo de retroalimentación que nos mantenía animándolos. Es en este sentido que se establece un vínculo entre ambos grupos.

Yo me inspiraba de varias maneras. Me inspiraba al ver los corredores jóvenes, mujeres y hombres. Su estilo para correr, sus cuerpos, su potencia. Pero por otro lado están los corredores maduros. Se observan hombres y mujeres que fácil tienen más de 60, corriendo de manera decidida. Hasta los que no están en forma me inspiran, porque pienso: si él puede correrlo ¿por qué yo no?

Ahí estuvimos bailando, aplaudiendo, gritando, comiendo y tratando de localizar a Martin. Pero nunca lo vimos. Eso no arruinó nuestro día, pero sí nos intrigó…¿qué habrá pasado con Martin? Ese mismo día, a la hora de la comida, la familia abordamos ese tema y surgieron varias hipótesis. Yo pensé que en algún momento de distracción pasó y no lo vimos. Mariana mi hija dijo que a lo mejor Martin estaba en un café desayunando, cuando de repente vio pasar a los corredores y se acordó que él debería estar corriendo también. Idania mi esposa sugirió que Martin era la persona disfrazada de spiderman y por la máscara no lo reconocimos. Al siguiente día que era lunes buscaría a Martin para preguntarle y salir de dudas.

El lunes en la mañana en la Universidad lo primero que hice fue buscar a Martin. Lo encontré en su oficina. Hablamos y me contó lo sucedido. Ninguna de nuestras hipótesis era correcta pero la más cercana a la verdad fue la de Mariana. Martin sí estaba en un café.

Martin comenzó a correr el maratón de acuerdo a lo planeado, pero casi al final de la carrera le dio algo que se conoce como “diarrea del corredor”, que no es otra cosa que una diarrea repentina e incontenible. Martin tuvo que dejar la carrera y por eso no pasó por el punto donde lo esperábamos. Se dedicó a buscar un lugar dónde evacuar. Dice que fue a dos cafés y no le dieron chance hasta el tercero que visitó. Hasta dijo que a media búsqueda se encontró a una de las secretarias de la Universidad. Pero no había tiempo para platicar.

Y así acaba la historia de nuestro primer maratón como espectadores.

Mario

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